¿Cómo ser «tú» mismo?

[Imagen extraída de desmotivaciones.es]

Recientemente se ha extendido la idea del individualismo creativo, esto es, la necesidad creciente que tiene el individuo de crear y expresar su individualidad. Todo ello responde a los cambios del sistema económico capitalista en los países occidentales. Para ello tomo como referencia la excelente trilogía de documentales The Century of the Self [El Siglo del Yo] de Adam Curtis.

Los charlatanes del couching empresarial y más hablan de la necesidad de ser uno mismo. ¿Pero qué es «ser uno mismo»? Remiten a los poderes mágicos del pensamiento positivo. Y la gente desesperada o ignorante, o una suma de ambas cosas, cree que existe algo como El Secreto o que El Alquimista de Paulo Coelho les cambiará su vida a mejor.

Parece un imperativo ético o moral, es algo que hemos de buscar dentro nuestro. Hay que ser libre, hay que expresarse, ser uno mismo. ¿Pero podemos ser «nosotros mismos»?

Intentaré hacer alguna reflexión del asunto:

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¿Cimientos para la ética?

Escribo este artículo para dar pasos hacia una posible solución del problema de los valores, sin ser tajante o definitivo. Considero que el problema es el siguiente:

Los valores son palabras abstractas que sirven a quien las pronuncia para generar sobre su idea, la aceptación o rechazo del público, y así mover las conciencias. Esto no suele implicar unas consecuencias materiales ni psicológicas reales.

Y así se ve con palabras como libertad, usada por unos y por otros con tanta facilidad que acabamos justificando guerras en su nombre, así como matanzas y genocidios, solo que en nombre de la libertad de empresa o de la libertad de movimiento de los capitales. A mi juicio, generalmente, sufrimos más las consecuencias que las ventajas. Este es un somero ejemplo de tantos muchos, como la bondad que predican unos y no cumplen, o la virtud, el egoísmo, el altruismo, la prosperidad, el progreso, el trabajo… y así tantos y tantos valores que han ido pasando por la senda de la historia.

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Política e identidad

Considero que hay un problema en hacer llamados supremos a la unidad de las personas tales que ignoren o desprecien la política como el factor causante de la división de los seres humanos. Otro error consiste en hacer algo opuesto, esto es, centrarse únicamente en las minorías haciendo legislaciones a medida sin tener en cuenta factores más importantes como la economía o la sociedad que afectan a muchas más personas. La interseccionalidad no genera mayorías amplias y contribuye a segmentar a la gente en identidades cada vez más estrechas.

Me parece que no es tanto la causa, sino uno de los efectos resultantes. Partiendo de una diversidad y pluralidad caleidoscópica, la política sería consustancial al ser humano como ζῷον πολιτικόν (zōon politikón o animal político), en los términos de Aristóteles.

En este artículo se van a presentar secciones con cierta independencia entre ellas para observar el impacto de la identidad en la política y buscar formas de hacer política centradas en los valores de universalidad y humanismo.

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El animal «Homo sapiens»

El ser humano crea un cuerpo de leyes, normas, valores, y otros mecanismos con la función de generar comunidad y sociedad, agrupación de personas que actúan en común para su propia supervivencia. Se genera transmisión de conocimientos, distribución del trabajo, relaciones de intercambio, reciprocidad y redistribución. Todo ello originado en el proceso de especiación del Homo sapiens, y en épocas anteriores como forma de defensa ante la amenaza de otros depredadores.

Las sociedades nómadas eran recolectoras y cazadoras, y esto lo podemos estudiar desde la arqueología. Una reflexión y estudio más profundo de casos concretos nos permitirá concluir de forma general, la influencia de los productos de caza en la alimentación. Podemos considerar que fue relevante, por el consumo de grasas, carnes, pieles así como de huesos. El ser humano se organizó en comunidades para mejorar en sus posibilidades de captura, de caza. Empleó herramientas para la caza, la guerra, la captura y procesado de las presas.

Cuando una región de la Tierra había sido explotada en exceso, esas poblaciones se desplazaban, buscando esas capturas. En un proceso paralelo podemos pensar que se tomaron conocimientos sobre la siembra, cultivo y cosecha de las plantas, aunque sería una actividad secundaria, sujeta a los imperativos de la caza.

Y así debería ir gradualmente creciendo en importancia, probablemente con el hallazgo en las regiones del creciente fértil, de plantas proclives a ser criadas tales como el trigo, y en otras regiones como el caso del maíz. Sin embargo, el uso de los animales no cesó. Mientras en unas regiones de América se usaban como comida, en otras se desarrolló la tecnología de la rueda, de los carros y por consecuente, la necesidad de animales de tiro. Curiosamente, la falta de estos animales de tiro no condicionó negativamente el desarrollo de grandes imperios, pero cabría ver el desgaste de las personas que trabajaban y qué condiciones sociales gozaban.

Es demasiado arriesgado sugerir que en América y en Eurasia existieran concepciones diferentes sobre los animales. La arbitrariedad humana también ha de contar, con la divinización de ciertos animales en detrimento de otros. Mientras que las vacas son sagradas en la India, o los conejos son mascotas en Estados Unidos, en España se consideran ambos alimentos. En Galicia la cultura popular se ha configurado contra el lobo, como un animal al que había que aniquilar. Esto puede verse en su cultura material, con los foxos, estructuras con señuelo y trampa, o en la inmaterial con las leyendas de la Raíña Loba y creencias que rozan con lo sobrenatural.

La relación entre los animales y los seres humanos ha sido cambiante y condicionada a las características locales. La tradición y la transmisión de estas creencias ha moldeado por generaciones a los pueblos.

En este punto del presente, las sociedades occidentales son grandes consumidoras de productos animales y derivados, desde carne, leche, queso, huevos, plumas, pieles, lana,… Se cazan animales por sus propiedades mágicas o por el fetichismo o lujo, como los elefantes, los tigres, los cocodrilos,… pero incluso este mal afecta al propio humano, con los albinos, por citar ejemplos. No hay que olvidar que el ser humano es un animal, aunque nos cueste aceptarlo y nuestras lenguas distingan entre las formas personales y las no personales.

Sin embargo, no creo que los animales sean personas, y la distinción es jurídica. Una persona es un sujeto de derecho, y éstos normalmente son “personas”, es decir, seres humanos. El problema principal es que un sujeto de derecho recibe derechos pero también deberes. ¿Cómo podemos darle deberes a un animal no humano?

Probablemente el principio de coexistencia deba basarse en un compromiso originado desde la persona humana, en tanto que es capaz de aniquilar, incluso de destruir el planeta si así se lo propone. De la misma que los dioses escapan de la moralidad, nuestro nivel de moralidad es superior a los otros animales y por tanto, no aplicable. Eso no impide que no haya moralidad hacia los animales. Debe basarse en la evitación del sufrimiento innecesario, es decir, el que no entre en los siguientes puntos:

  1. La supervivencia urgente del ser humano, cuando no hay otra forma material de lograrla.
  2. La conservación de la vida, ante la amenaza directa de un depredador, sin la posibilidad de drogarlo o apaciguarla, siempre y cuando el depredador no haya sido sometido previamente y tal respuesta pueda adjudicarse a una opresión hecha con anterioridad por los humanos.

Además, el concepto de “sufrimiento” debe acotarse a la situación de desigualdad en la que un animal presenta daños corporales o psicológicos que le hacen sentir dolor, y que pueden repararse por la curación del cuerpo o por el restablecimiento de condiciones de vida dignas (especialmente en casos de encierro, maltrato o inmovilidad forzada). Así, un animal sufre por el ataque de otro animal (incluyendo al humano). Este concepto ha de tomarse de forma gradual según la constitución del mismo y su sistema nervioso, y ha de ser delito en tanto que el causante sea un humano, y crearse la figura de animal incurable cuando sea éste un animal que, tras concluir que no hay causas de maltrato o sufrimiento humano sobre él, éste ha de ser sacrificado. El caso de sacrificio también se ha de contemplar en casos de enfermedades incurables o congénitas, y de producirse, ha de ser por inyección mortal de muerte instantánea e indolora. Toda esta formulación ha de ir acompañada con estudios veterinarios y biológicos.

De entrada, esto excluye a las plantas, pero las plantas necesitan protección, estableciendo que ciertos tipos de árboles gocen de protección, lo cual también serviría, de paso, para la protección de ecosistemas y hábitats. Sería arbitrario y especista que sólo los pertenecientes al reino animal gozaran de protección.

Como no podemos situar al no humano como sujeto de derecho, salvo en algunos casos en que se ha concedido con simios y primates de capacidades demostradas, aunque no puedan comprender su papel con derechos y deberes, es necesario crear una nueva figura que de protección y salvaguarda, pero que, por otra parte, permita la acción humana, pero con trabas necesarias ante el desenfreno en su desarrollo económico.

Entonces, podríamos hablar de sujeto de protección, lo que también podría abarcar patrimonio cultural. El problema es que el concepto de patrimonio presenta una relación hacia una persona, física o jurídica. ¿La sociedad humana en su conjunto, la humanidad, puede ser una persona jurídica? Considero problemática la concepción de subordinación del resto de seres vivos a la existencia humana, más cuando se considera probada la evolución de las especies, siendo algunas mucho más antiguas que el género humano. Nos enfrenamos a la misma problemática que la protección jurídica de los pueblos nativos del Amazonas o de América, ante la entrada de nuevas culturas y regímenes políticos. Ha de haber un reconocimiento y consideración de su singularidad. De ser así, es explicable todo el proceso de explotación que han pasado para llegar a la toma de conciencia. Esto obligaría a reconsiderar muchas cosas que dábamos por sentadas.

Esto se podría articular en forma de Derechos y Deberes Humanos, en los que cada ser humano tuviera esos deberes de respeto a la naturaleza, y a los seres vivos que la pueblan. Asimismo, al integrarlas cada Estado en su reglamento jurídico, a la práctica se haría extensible en todo el mundo, aunque su aplicación práctica no esté asegurada. Es necesaria la existencia de instituciones internacionales que tengan poder vinculante sobre los estados y entidades de gobierno regional y local. Ya existe una carta de Derechos animales, pero ¿pueden ejercer también los derechos?

Por lo tanto, más que los animales tengan derechos, los seres humanos somos los que tenemos deberes para con ellos. Es muy bonito hablar de derechos animales, pero el propio animal no puede vindicarlos. Si son deberes humanos, otro humano (o institución competente) puede reclamar su cumplimiento. Sin despreciar los derechos animales, quedan como algo secundario, que no pasaría si se integraran como deberes humanos. ¡Ojalá pudiéramos hablar con los animales! Pero no podemos, lo que no implica que no haya comunicación y mutua comprensión. Los animales, desde luego, no son máquinas en los términos cartesianos.

Insisto, los animales no tienen derechos, porque no pueden tener deberes, somos los humanos los que tenemos tales deberes para con ellos. No reconocer esto es faltar a la verdad y contribuir al lenguaje políticamente correcto, que mantiene y contribuye a mantener el status-quo.

Sin embargo, no es correcto pensar que los animales sencillamente, dan leche y nosotros la extraemos. Los animales no son máquinas creadas o especializadas por el humano, sino que son adaptadas a tal uso, de la misma manera que se mecaniza la fábrica y al hombre como una pieza más de su instrumental. Eso se conoce como taylorismo. El animal también ha sido introducido en una dinámica de producción industrial, más condenable cuando el humano dispone de más alternativas para su sustento material. Hoy por hoy no podemos justificar nuestra actuación en los puntos vistos anteriormente. En estos aspectos, podemos hablar de una esclavitud y servidumbre de los animales y en general, de los seres vivos.

Un deber humano es la formación de áreas o zonas de exclusión para los animales, en áreas estudiadas por su gran diversidad o fragilidad. Las obligaciones de las mismas afectarían a la actividad producida fuera de éstas, pero que le afectara, como la contaminación. Los parques naturales actuales verían reforzadas sus restricciones y contarían con más medios contra la actuación especulativa. Se expandirían sus zonas de dominio.

¿Se puede pensar que hay animales, o seres vivos, con una función acordada entre todos los seres humanos? Creo que no se puede expresar en esos términos, porque el ser humano no ha creado ningún ser, en todo caso los ha seleccionado en función de sus intereses. ¿Qué uso tiene una vaca? ¿Sacarle leche? Pero pensemos por qué le podemos extraer leche a una vaca. Hay unas relaciones de producción que condicionan la vida de la vaca, hay unas relaciones del ser humano para con el animal. Hay mercados donde se venden los animales, hay criaderos, hay la construcción de espacios de concentración, mercados de venta del grano o del forraje, y hay mercados donde se venden los productos secundarios. Y todo esto permea en la granja, con la búsqueda de la rentabilidad económica, lo que lleva a cometer las atrocidades. Para poder extraer la leche hay que violar la vaca y matar a su cría una vez parida, o separarla de la madre. Esto implica la existencia de toros sementales seleccionados, cuyo semen es vendido e inyectado a las vacas. Y esto se desarrolla ajeno a la voluntad de los animales, que por ese motivo son forzados, encerrados y agredidos. La destrucción de estas formas de explotación pasa por el cambio de la vida rural, y una forma es el cambio del consumo de las personas. Si cambian las prioridades en el consumo, si cambia la economía, probablemente lo haga este sistema de producción, que contraatacará con más propaganda y más productos. El capitalismo es extremadamente hábil en inundar el mercado de productos, de más mercancías…

Es por ello que el ser humano ha de ser consciente e integrar esos derechos animales en deberes humanos. Pero hay problemas en esta línea. ¿Qué relación han de tener los animales en nuestras ciudades y espacios? Es evidente que el ser humano necesita reivindicar la posesión del terreno (al menos en cuando a humano, no necesariamente en propiedad privada), como lo hacen los animales territoriales. ¿Qué hacer para evitar el sufrimiento? Ahora en mente tengo la imagen de los jabalíes bajando de Collserola. ¿Hacemos verjas, cierres, precintos? ¿Ha de haber una arquitectura urbana más integradora? ¿Cómo concebimos la transición campo-ciudad? Muchas ciudades entran en un degradado de contrastes, con polígonos industriales rodeados de campo y rural, y a su vez tajados por autopistas, ferrocarriles y canales.

La integración de los deberes para con los seres vivos ha de actuar en varios frentes:
Reforzar los derechos humanos. Evitar genocidios y guerras económicas. Evitar la inacción ante seres humanos en riesgo, en migración, los refugiados, y los movimientos de defensa de los privilegios basados en racismo, xenofobia o nacionalismo.
Reforzar la conciencia medioambiental. Repensar el uso del espacio y de los recursos, el papel de los seres vivos en nuestra sociedad, en el mundo, en general, la relación naturaleza-civilización.
Forzar el cambio del sistema económico y social. Fomentar alternativas al capitalismo que dignifiquen a los seres vivos. Sistemas transparentes y justos, que tiendan a la equidad y a la igualdad de oportunidades.

Finalmente, ¿qué vamos a comer?

El nacionalismo: Definición

Imagen: Manifestación independentista catalana convocada por Òmnium Cultural el 10 de julio de 2010 [Fuente: joansemitiel.blogspot.com]

El nacionalismo no es más que un eslogan de etapa para imponer la identidad de los grupos sociales, pero no es valioso como objetivo último. La humanidad es la mejor opción para el hombre.

Malika Assimi

Prólogo

La situación que se está viviendo en España, y particularmente en Cataluña con «el Procés» [Próximamente se publicará al respecto] (pero también en otros países del mundo) exige que cuestionemos el concepto de nacionalismo y tirando aún más del hilo examinando de dónde mana, la idea de nación.

Tales conceptos no son sencillos por su gran trascendencia histórica, por eso su tratamiento será seccionado en varios artículos para darle un enfoque profundo.

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Informática en España. La propaganda de Microsoft (1990-2015)

Imagen: Disquetes de instalación de Windows 3.1  [Fuente: betaarchive.com]

Este texto espera ser un interesante análisis de la penetración de la tecnología de la informática en España estudiando la propaganda de la empresa estadounidense Microsoft, a través de anuncios comerciales en la prensa escrita (La Vanguardia) y también en anuncios televisivos. Debido a las fuentes empleadas, éstas han de ser consultadas en páginas externas y se indicarán los enlaces pertinentes.

Objetivo

Se espera poder explorar el avance tecnológico de finales de siglo XX, concretamente de la década de los 90 hasta la actualidad, y para ello se pensó en la relevancia de Microsoft. Como se verá, esto plantea retos incluso epistemológicos contemporáneos y para los historiadores venideros, al desvanecerse la fuente textual de la prensa como la más relevante para la comprensión de los fenómenos de los mercados, del comercio y de las masas.

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